martes, 17 de noviembre de 2009

Volviendo a escribir de noche

Pese al cansancio, cuesta muy poco encender el portatil y sentarme a escribirte. Y aunque ya todo lo sabes, siempre hay momentos para que fluyan cosas que en el día a día se pierden entre turbinas, generadores de vapor, coche y teléfono. Ahora, en el reposo de este catre que acuna mi sueño, te imagino entre nubes rojas y blancas, vigas de madera y un hueco a tu lado que abrazas con tu mano. Y recuerdo aquellas noches de nostalgia en las que te amé, y descubro que tienen el mismo sabor que éstas, todas me han ido dando detalles de tu latir, de la dirección que quieres tomar a mi lado.

Es curioso como un fin de semana que ha sabido a tan poco, es capaz de descifrar tus códigos en toda su extensión. Me sigues entregando secretos, y cada uno descubierto es llenado con otro enigma. Mágica mujer que has domado lo indomable, que amamantas mi vida y cortas mi sed de amor con la tuya propia.

Y nuevamente, en la distancia, se acrecientan nuestros sueños y nuestras dichas, y vuelve ese nervio que habla a las claras de la divina mezcla de alegría y sufrir que es el echarte de menos. Ahora que ya conoces mi lecho, ven a mi en esta noche que quiere ser de invierno, y acaricia mi pelo como entonces, como tantas veces has hecho. Cerraré los ojos y serás recuerdo imborrable y bruma que se adueñe de mi visión nocturna hasta que vuelva a despertar a tu lado, envuelto por la dulce fragancia de tu beso etéreo y eterno, que sigue empeñado en cruzar montañas.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Mañanas de niebla

Cuando he comentado en el trabajo que me gustaba la niebla, algunos han deducido que soy de Valladolid. Y es cierto, me gusta la niebla. Pero la vida me regala ahora una niebla luminosa y fuerte, mágica al igual que la densa niebla nocturna que recuerdo de mi Valladolid de siempre.

Entonces, era habitual que después de cenar me echara a la calle con el discman y recorriese las calles aledañas a mi casa, embutido en mi larga bufanda, guantes negros y alguna de mis boinas. Paseaba errático y solitario, disfrutando la soledad de la ciudad que pronto va a dormir. La luz de las farolas es enigmática en las noches de niebla, esconde dentro de si el humo de los bares, el confort de las casas, el rumor de las televisiones y los programas de radio deportivos. Mientras se pasea en una noche de niebla, las ventanas de las casas son fortalezas que guardan secretos y misterios, y uno las contempla desde la calle, preguntándose qué pasará tras cada muro, tras cada foso.

Pero la vida va regalando matices a todas las cosas, también a la niebla. Esta mañana, al salir de mi castillo para tomar mi carruaje, una densa niebla matutina me envolvió, cubría todo el bosque de encinas y lo llenaba de historias de encantamientos, de historias de trolls y de trasgus. Contemplé el paisaje absorto en lo que veía y me di cuenta de que era todo nuevo. Al llegar a la central, los edificios de los reactores eran apenas una sombra cubiertos de niebla. Me adentré en la calle central y de las aceras salían hombres vestidos de trabajo, rodeados también de niebla, al igual que la caseta donde está mi oficina.

Me es difícil explicar el sentimiento que me ha llenado esta mañana. Es la misma niebla de entonces, llena de luz, de esperanza, de deseos de vivir. Pero con paredes nuevas. Esta mañana, en el silencio de mi condado, he visto un hermoso amanecer en el que me he sentido protegido, amado, esperado. Era yo mismo rodeado de novedad en una atmósfera protectora, era mi vida reflejada en el abrazo de la niebla.

Y mañana será otro día neblinoso, en el que, tal vez vengas a mí.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

De nuevas que no son nuevas

He necesitado varios días de asentamiento en mi nueva ubicación para poder enfrentarme al teclado. Más que eso, he esperado a tener verdadera necesidad de hacerlo. La marha de mi madre, que ha dado calor de hogar al apartamento estos días, me ha dejado el punto de sal perfecto para, simplemente, publicar.

Me enfrento a sensaciones nuevas que tienen un poso del pasado. Aromas de nieve y de silencio, de nostalgias que cobran vida de nuevo. Echar de menos con esta fuerza, volver a escuchar esta musica que te trae volando hacia mi, esta vez en un viaje más corto (Scriabin, Piano Concerto nº 2).

Cierro los ojos y me veo en aquella habitación de estudiante que acababa un ciclo, pero los abro y estoy aquí, en Romangordo (Cáceres), donde he comenzado otro periodo hace unos días. Después de mucho tiempo, por fin una estancia en obra, nada menos que en la central nuclear de Almaraz. Unas semanas por delante de trabajo y soledad, de esa que ofrece dos caras, la buscada y la encontrada.

Y con todo, los sentimientos son los mismos, las mismas ausencias, las mismas ambiciones y la misma necesidad de tus brazos, de los cuales ya conozco todas sus temperaturas. Rodeame en esta noche en la que nuevamente habré de levantarme temprano, no te despertaré y aguardaré a que vuelvas para enseñarte mi condado.

Como podrán observar mis selectos lectores, muchas son las cosas que se alborotan en mi cabeza, en el momento de dar al off que dará paso al día de mañana. Ojalá mañana sea de color rojo.

martes, 29 de septiembre de 2009

Otro adios

A nivel de domicilio ha sido un año muy difícil. La cosa empezó mal desde el principio, desde que apurado me vi obligado a coger este piso donde he tirado más de la mitad de mis ingresos anuales.

Lo hubiera hecho con gusto de no ser por las cucarachas iniciales, las humedades, la calefacción, la caldera, los grifos, el frío...y sobre todo por el impresentable de mi casero, al cual debo varios disgustos de un serio calibre.

Ahora, escribo por última vez desde este piso, que mañana olvidaré. A escasos minutos de que se corte el teléfono, y con la casa prácticamente vacía, espero a que Nuria pueda ayudarme una vez más con el coche para hacer el penúltimo viaje hasta Estudios 3, nuestro nuevo hogar. Y mientras tanto, me pregunto si merecerá la pena todo este trajín, los cabreos, los nervios de la mudanza y el cansancio.

Echando la vista atrás y recordando aquellas de pánico de hace más o menos un año, creo pensar que si, que merece la pena volver a cargar las maletas y vaciar otra casa. Estudios 3, de momento, esta llena de cajas, de maletas, de infinitas bolsas. Pero también esá llena de ilusión y de una fragancia distinta, y de cajas invisibles de tranquilidad que permancen de momento cerradas y fuera de nuestro alcance, aunque día a día las tengamos más cerca.

Adios, por tanto, al piso que pasó de pocilga a apartamento cálido, pero que nunca fue nuestro hogar. Libro nuevo, pluma nueva: comienza otra historia.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Sendas


A veces las razones para seguir adelante son más que evidentes, son fáciles de encontrar. Son caminos trillados pero cuidados, son sendas que conservan el aroma de apertura y que tienen ya el poso del tiempo.

Y a todo se le puede disfrazar del color que se desee. Todo es positivo en este día que también trae sombras sin querer, pero son doradas.

Me miro aquí y soy el mismo, con más kilos y menos tiempo, pero con la ilusión intacta de entonces, cuando me sumergí en tu magia.

Sigo ahogándome.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Aromas

El verano pasó acompañado de distintos aromas de mar y muchos matices. Aroma de presente y de futuro en la ría de Pontevedra, aroma de mes de mayo florido y soleado en mis sueños, aroma de noche blanca y luna nueva.

También tuve la opción de estar solo y de pensarte, de imaginar lo orgulloso que estarías al verme cargar con Oti la hoguera y el "ramu" en Villahormes vestidos de porruanos, como tú siempre quisiste que hiciésemos. Aroma de recuerdo doliente y punzante en esos días, de esa ausencia atroz en la que te abrazo en un silencio cada vez más íntimo e inexplicable.

Al fin, en la orilla, refrescó mi espíritu y mi cuerpo el aroma del mar de nuestras soledades, rodeados de la calurosa paz de un agosto de infierno. Paz al fin y al cabo, salpicada de multitud de zarpazos robados al tiempo en la pequeña cala donde me has esperado tantos meses.

Entre todos estos aromas se mezclan los del cambio, los de un coqueto ático con alma de madera donde ya sueño tus abrazos de frío. También huelo los aromas que vienen por mail y por teléfono, esos que empapan de vida nueva.

Y en un mes exacto, el aroma del capote de Morante, en ese otoño de Madrid que tanto espero.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Pontevedra

Pontevedra es una cosa y son muchas. Es la salud de sus calles y de sus vinos, es rumor de ría, es gente tranquila y noble. Pontevedra me sabe a besos "a feira" y a albariño de Santiago Ruiz, a zamburiñas y arena, a un sofá negro que me recuerda a aquel donde me sentaba con mi padre (por aquello de que tiene un sitio reservado, pero siempre puedes sentarte a su derecha).
También huele a albero estos días Pontevedra, aunque los mismos que aplauden a José Tomás tilden de apático a Morante (Dios les perdone a todos). Tendido 2, fila 4, asiento 11. Pontevedra me ha regalado también un sueño taurino, conocer a Morante, darle la mano y mirarle a la cara. Y es muy difícil de explicar lo que sentí cuando Morante me miró y me susurró su agradecimiento. Tengo esa voz en la cabeza, y tengo guardado en mi piel el tacto de su capote y su apretón de manos. Toqué el capote de Morante...sin comentarios.
Pontevedra me devuelve la sonrisa de mi madre y me entrega el cariño de una familia donde ya soy uno más. Nazco de nuevo en la mañana y paladeo la quietud del tiempo, porque el tiempo pasa lento aquí, paredes adentro y afuera. Pontevedra me trajo a tí, o mejor dicho, tú me trajiste a Pontevedra para quedarme en ella, para quedarme en tí. Para que sea aquí donde te de lo poco que me queda ya por darte, una palabra o dos y mi promesa ya oficiosa.
Si, Pontevedra es muchas cosas y es solo una. Es mi sueño de amor cumplido.