lunes, 5 de septiembre de 2011
Japón, día 5: la reunión
domingo, 4 de septiembre de 2011
Japón, día 4: un domingo de trabajo
Pero las cenas son el momento perfecto para estar en medio e intercambiar opiniones y reir chistes. Durante el día se siente la presión, pero en las cenas no se suele hablar de trabajo, lo cual se agradece. Ayer, la cena discurrió en un vietnamita excelente, en el piso 30 de un edificio impresionante, uno de tantos en el distrito de Umeda. Pero parecía que andaban ya los buches cansados de comida oriental y hoy se pidió un cambio de tercio. Me pidieron que buscase un restaurante español decente, y vaya si dí con el. Me choca encontrar en Osaka un lugar llamado "Marisquería Gozo", pero bien debe vivir su dueño, sin duda. restaurante lleno y calidad, aunque me viese obligado a pedir un Rioja, ya que la botella de Mauro rondaba los cien euros. El Ramón Bilbao pasaba los 30 pero les ha fascinado "no como el bordeaux de ayer", decían.
Pero la clave ha sido el momento en el que les he preguntado si querían comer más. "Otro plato de jamón" dijo Walter con una enorme sonrisa. Walter, que ha viajado por el mundo pero que nunca ha estado en España, parecía haber descubierto el Santo Grial. El jamón me ayudó a pasar del todo la migraña y me hizo añorar a Rigoberto, mi fiel amigo que sigue adelgazando en Bruselas merced al despiadado alfanje de Nuria.
Termino la tarde emborronando mi prestigio cinematográfico y hablando con todos los míos. Oigo a Juan y a Pablito, también escucho a mis hermanos por el fondo diciendo eso de "a comer, coño". Tiendo de nuevo el hilo hacia Bruselas que me llena de sonrisas y me hace soñar despierto contigo y los felices años 20. Tiemblo ante el futuro que me regalas con tu vida.
Y ahora les dejo. Preparo mi piel y mi alma, y enciendo "youtube". Me espera la faena de Julio Aparicio del 94. Osaka, 0:02. Aparicio hace el paseillo en la planta 28 del Hilton.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Japón, día 2. Reuniones y neones
jueves, 1 de septiembre de 2011
Japón, día 1
lunes, 9 de mayo de 2011
Felicidades
El sábado hubiésemos tomado café donde Jovino por la mañana, saludarías a diestro y siniestro mientras yo leo el Marca y luego haríamos la ruta clásica: periódico, pan y fruta, hasta desembocar en la pescadería de Mari. Me apetece rey y compras dos pequeños, dos centollas, una andarica por cabeza y dos kilos de percebes. Madre lo prepara todo mientras tú me llamas al chigre para tomar sidra. Me preguntas por Bélgica, por el apartamento y el trabajo, por Nuria. Estás contento con lo que te cuento y sonríes, y ya tienes los carrillos ligeramente colorados por el sol y por la sidra. En la comida eres el foco, como siempre. Arreglas y deshaces, comentas y te enfadas, ríes ocurrencias y criticas decisiones. A estas alturas te da igual cumplir 67 años y no quieres velas, ni que te cantemos nada. Aun así, aceptas nuestro último regalo que, como todos los años no te ha gustado del todo, y eso es algo que nunca has podido esconder. Será para otro año.
Llega la tarde y el cielo se nubla con ese color que solo da Asturias. Iríamos a ver la playa de la Huelga desde arriba, y tú caminarías por delante con Nuria, mientras le interrogas sobre esas cosas tan tuyas que prefieres no preguntarme a mí. La playa se ve maravillosa antes del atardecer, te miro y veo cómo cierras los ojos y respiras el olor a sal que todo lo envuelve.
Y así también el domingo, hasta llegar la hora del avión. Otra vez caras largas en una nueva despedida, mientras me vuelves a decir que estas harto de que vivamos tan lejos. En el aeropuerto me abrazarías fuerte, me besarías y sentiría tu bigote en mis mejillas. Esos besos sonoros que preceden a unas lágrimas que ocultas pero no disimulas. Y como siempre, te quedarías inmóvil hasta que no pudieras verme, hasta que mi imagen se perdiese por la última rendija de la puerta. Yo busco esa última rendija para decirte adiós.
Hubiese sido un fin de semana maravilloso. Lo es en mi mente, donde ahora te imagino caminando por el camino real con tu vara de avellano, pensando en las tardes que quedan por delante. Y me destroza saber que tu vara está a la entrada de la casa, en el mismo lugar donde la dejaste hace casi cuatro años. Intacta y esperándote, justo al lado de la mía.
viernes, 29 de abril de 2011
La distancia con el diván
Pincelada. Valladolid recobró una luz que pensaba perdida, la del foco y el micrófono. Aun resuenan los ecos de los aplausos que tanto añoraba, así como los de los abrazos del reencuentro con el pasado. Un natural lento, pegado a la tierra. Y sin querer uno piensa en si habrá aun oportunidad de redención con el teatro.
viernes, 11 de marzo de 2011
Semana intensa
Segundo asalto ayer jueves, en forma de ruedo alargado de madera. Mesa llena de clase, educación y amor por el toro. Pasó fugaz el tiempo en Casa Miguel, sede de la “Peña Taurine de Bruselas” a la que por suerte me decidí a pertenecer. Y por unas horas se esfumaron fantasmas que nos acompañan a menudo. Y en mi recuerdo, la serie de naturales de Curro Romero a aquel toro en Antequera, y el deseo compartido de un futuro acompañado.
Y sin pestañear, maleta hecha para conocer la ciudad de las bicicletas. Un regalo que me llevo por partida múltiple en este fin de semana que culmina una buena racha de ilusión y positivismo. Porque el regalo no es el hotel, ni las vistas. Llevo puesto éste mi regalo de continuo, tras recogerlo cada mañana en tu beso somnoliento y en el calor que se desprende de tu cuello.