miércoles, 4 de noviembre de 2009

De nuevas que no son nuevas

He necesitado varios días de asentamiento en mi nueva ubicación para poder enfrentarme al teclado. Más que eso, he esperado a tener verdadera necesidad de hacerlo. La marha de mi madre, que ha dado calor de hogar al apartamento estos días, me ha dejado el punto de sal perfecto para, simplemente, publicar.

Me enfrento a sensaciones nuevas que tienen un poso del pasado. Aromas de nieve y de silencio, de nostalgias que cobran vida de nuevo. Echar de menos con esta fuerza, volver a escuchar esta musica que te trae volando hacia mi, esta vez en un viaje más corto (Scriabin, Piano Concerto nº 2).

Cierro los ojos y me veo en aquella habitación de estudiante que acababa un ciclo, pero los abro y estoy aquí, en Romangordo (Cáceres), donde he comenzado otro periodo hace unos días. Después de mucho tiempo, por fin una estancia en obra, nada menos que en la central nuclear de Almaraz. Unas semanas por delante de trabajo y soledad, de esa que ofrece dos caras, la buscada y la encontrada.

Y con todo, los sentimientos son los mismos, las mismas ausencias, las mismas ambiciones y la misma necesidad de tus brazos, de los cuales ya conozco todas sus temperaturas. Rodeame en esta noche en la que nuevamente habré de levantarme temprano, no te despertaré y aguardaré a que vuelvas para enseñarte mi condado.

Como podrán observar mis selectos lectores, muchas son las cosas que se alborotan en mi cabeza, en el momento de dar al off que dará paso al día de mañana. Ojalá mañana sea de color rojo.

martes, 29 de septiembre de 2009

Otro adios

A nivel de domicilio ha sido un año muy difícil. La cosa empezó mal desde el principio, desde que apurado me vi obligado a coger este piso donde he tirado más de la mitad de mis ingresos anuales.

Lo hubiera hecho con gusto de no ser por las cucarachas iniciales, las humedades, la calefacción, la caldera, los grifos, el frío...y sobre todo por el impresentable de mi casero, al cual debo varios disgustos de un serio calibre.

Ahora, escribo por última vez desde este piso, que mañana olvidaré. A escasos minutos de que se corte el teléfono, y con la casa prácticamente vacía, espero a que Nuria pueda ayudarme una vez más con el coche para hacer el penúltimo viaje hasta Estudios 3, nuestro nuevo hogar. Y mientras tanto, me pregunto si merecerá la pena todo este trajín, los cabreos, los nervios de la mudanza y el cansancio.

Echando la vista atrás y recordando aquellas de pánico de hace más o menos un año, creo pensar que si, que merece la pena volver a cargar las maletas y vaciar otra casa. Estudios 3, de momento, esta llena de cajas, de maletas, de infinitas bolsas. Pero también esá llena de ilusión y de una fragancia distinta, y de cajas invisibles de tranquilidad que permancen de momento cerradas y fuera de nuestro alcance, aunque día a día las tengamos más cerca.

Adios, por tanto, al piso que pasó de pocilga a apartamento cálido, pero que nunca fue nuestro hogar. Libro nuevo, pluma nueva: comienza otra historia.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Sendas


A veces las razones para seguir adelante son más que evidentes, son fáciles de encontrar. Son caminos trillados pero cuidados, son sendas que conservan el aroma de apertura y que tienen ya el poso del tiempo.

Y a todo se le puede disfrazar del color que se desee. Todo es positivo en este día que también trae sombras sin querer, pero son doradas.

Me miro aquí y soy el mismo, con más kilos y menos tiempo, pero con la ilusión intacta de entonces, cuando me sumergí en tu magia.

Sigo ahogándome.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Aromas

El verano pasó acompañado de distintos aromas de mar y muchos matices. Aroma de presente y de futuro en la ría de Pontevedra, aroma de mes de mayo florido y soleado en mis sueños, aroma de noche blanca y luna nueva.

También tuve la opción de estar solo y de pensarte, de imaginar lo orgulloso que estarías al verme cargar con Oti la hoguera y el "ramu" en Villahormes vestidos de porruanos, como tú siempre quisiste que hiciésemos. Aroma de recuerdo doliente y punzante en esos días, de esa ausencia atroz en la que te abrazo en un silencio cada vez más íntimo e inexplicable.

Al fin, en la orilla, refrescó mi espíritu y mi cuerpo el aroma del mar de nuestras soledades, rodeados de la calurosa paz de un agosto de infierno. Paz al fin y al cabo, salpicada de multitud de zarpazos robados al tiempo en la pequeña cala donde me has esperado tantos meses.

Entre todos estos aromas se mezclan los del cambio, los de un coqueto ático con alma de madera donde ya sueño tus abrazos de frío. También huelo los aromas que vienen por mail y por teléfono, esos que empapan de vida nueva.

Y en un mes exacto, el aroma del capote de Morante, en ese otoño de Madrid que tanto espero.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Pontevedra

Pontevedra es una cosa y son muchas. Es la salud de sus calles y de sus vinos, es rumor de ría, es gente tranquila y noble. Pontevedra me sabe a besos "a feira" y a albariño de Santiago Ruiz, a zamburiñas y arena, a un sofá negro que me recuerda a aquel donde me sentaba con mi padre (por aquello de que tiene un sitio reservado, pero siempre puedes sentarte a su derecha).
También huele a albero estos días Pontevedra, aunque los mismos que aplauden a José Tomás tilden de apático a Morante (Dios les perdone a todos). Tendido 2, fila 4, asiento 11. Pontevedra me ha regalado también un sueño taurino, conocer a Morante, darle la mano y mirarle a la cara. Y es muy difícil de explicar lo que sentí cuando Morante me miró y me susurró su agradecimiento. Tengo esa voz en la cabeza, y tengo guardado en mi piel el tacto de su capote y su apretón de manos. Toqué el capote de Morante...sin comentarios.
Pontevedra me devuelve la sonrisa de mi madre y me entrega el cariño de una familia donde ya soy uno más. Nazco de nuevo en la mañana y paladeo la quietud del tiempo, porque el tiempo pasa lento aquí, paredes adentro y afuera. Pontevedra me trajo a tí, o mejor dicho, tú me trajiste a Pontevedra para quedarme en ella, para quedarme en tí. Para que sea aquí donde te de lo poco que me queda ya por darte, una palabra o dos y mi promesa ya oficiosa.
Si, Pontevedra es muchas cosas y es solo una. Es mi sueño de amor cumplido.

viernes, 24 de julio de 2009

Otro para chiqueros

Ultimamente los días se me pasan como los créditos del cine. La cara embobada que mira al aire sin fijarse en las letras, el cúmulo de información que se muestra y que se va, las ansias repentinas de querer verlo todo, el súbito desinterés al ver que la gente pasa de aquello que para tí es importante.

Es complicado. Quiero escribir de muchas cosas, quiero hablar de tí, de los encuentros furtivos que mantenemos mientras camino por la calle sin que nadie nos vea, de las cosas que me dices al oido para que se me pase la pájara y espabile. Quiero hablar de las vacaciones, de esa sensación que tengo de que jamás antes las tuve. Quiero hablar de mi sueño nórdico, cuyo frío siento por momentos y olvido por otros presa del desánimo.

Quiero hablar de muchas cosas, quiero pero me cuesta centrarme en esta tarde somnolienta donde todas las ausencias se agigantan, donde todos los toros son descastados. Y en esta indecisión de silencio, me surge la cara enardecida de César, su mirada cocinada poco a poco con las brasas diarias del sarmiento, su cariño incondicional. César vivía en Traspinedo tranquilo, compartía con sus hijos un negocio con sabor a pinchos de lechazo y aquel emporio que montó en Benidorm fruto de años y años de trabajo.

César vivía la vida entre ascuas y familia, hasta que un día por la mañana el corazón dijo "hasta pronto". Es increíble, un día te levantas tomando un café con tu mujer, y horas más tarde un infarto te manda a chiqueros. Es injusto y es cruel. Desde luego, el que inventó esto, lo hizo con muy mala hostia.

miércoles, 8 de julio de 2009

De lejos, de momento

A veces, buscar salidas agobia. O comienza a agobiar, que es lo preocupante. Y de repente te das cuenta que aquello que pensabas que iba a resultar tan fácil, es sin embargo una tarea ardua que traerá sinsabores y pequeñas frustraciones en forma de correos electrónicos escuetos o teléfonos que no suenan.


Y es en este momento cuando debo agarrarme a la verdad diaria, a lo que tengo y nadie me puede quitar. Irte a buscar y redescubrir tus abrazos, probar distintas cervezas con distintas bocas, pensar en ese agosto soñado y tranquilo en el que aprender.


Es clave imaginar ilusiones que hagan que la espera sea menos áspera. Ayer por ejemplo, me di cuenta de que en menos de un mes vuelvo a mi abono de la plaza de Pontevedra. Vuelve José Tomás al coso de San Roque, la única plaza de menos de diezmil espectadores a la que asiste, por tercer año consecutivo.


Pero yo me quedo con la del día 2 de agosto. Curioso cartel, inesperado: Espartaco, Ponce y Morante. Vuelvo a Morante, vuelvo a sentir la ilusión de ver volar su capote y su cabeza. Y desde la fila 3 del tendido se le ha de ver muy cerca. Tengo fotos muy bonitas con toreros en Pontevedra, con el Cid, Espartaco (de calle) y una muy graciosa con César Rincón, de la que solo recuerdo el tacto de su chaquetilla, que me pareció de titanio. Ayer pensaba ya en la estrategia a seguir para conseguir mi trofeo más preciado, dar la mano a Morante y sacarme une terrenal fotografía a su lado.


Pensar en esas cosas hace que este verano madrileño me huela ya a mar y a albero, a apartamento furtivo y a chigre, a compañía y soledad.


Y de lejos, imagino las extrañeza de mis rubios vecinos cuando vengan a visitarme y se encuentren en la pared del pasillo de mi flamante casa de "*******gate" una foto mía con un señor de cabello aleonado y traje dorado. Yo les diré "mi amigo José Antonio, aquí presente".