miércoles, 10 de diciembre de 2008

Vuelta de Asturias

El retorno de Asturias es siempre traumático. El de ayer lo fue aun más durante las cuatro horas de tren. Ayer Villahormes lucía su orballu más íntimo, su viento más suave y envolvente. La chimenea de casa era si cabe más acogedora en la sobremesa, mientras me hacía el remolón en el regazo de mi madre.


Después de varios días de sonidos alegres y novedosos, el Reborín volvió a su esencia durante unas horas. Mi madre, Oti y yo, en una especie de espera en la que llevamos sumidos 17 meses. No hacía falta hablar en el chigre antes de la comida, porque la ausencia de mi padre llenaba toda la finca, toda la casa, llegaba hasta la Sierra del Cuera y cruzaba todo el valle de San Jorge. Esa ausencia estaba en la hierba, en el seto, y la sentí dentro de sus madreñas frías y desnudas, que también le esperan en la puerta.


Yo asentía como un bobo cuando alguna persona cercana me explicaba qué se sentía ante la ausencia de un ser querido, asentía con la facilidad de quien se siente poseedor de todas las verdades de la vida.


Ahora soy yo el que intento explicarlo y veo las caras embobadas de aquellos que asienten y te dan la razón ante balbuceos inconexos sin sentido que intentan explicar lo inexplicable.


Creo que la forma en la que más me puedo acercar es esta: es muy jodido y aunque por momentos cambie de intensidad, no mitiga.


No hay solución ni parche que me quite esa sensación de frío y de miedo que me inunda cuando me doy cuenta de que no estás, y que no vas a volver.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Cicatrices

De repente te da un aire y empiezas a darle a la hebra. Sin querer van saliendo vocablos cubiertos de moho y sentimientos con aroma a pescado podrido. Y aunque la apariencia primera es de liberación, descubrimientos de este tipo dejan una sensación de malestar que perdura durante horas, la sensación de saberte poseedor de unas circunstancias y una realidad que preferirías ocultar bajo un manto de petróleo mexicano.


Y es que muchas veces, hablar abre cicatrices que fueron cerradas con papel de fumar.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Varios

1. Semana de cumpleaños varios fue la pasada. Algunos, celebrados y festejados, otros recordados, otros tristemente olvidados por mi torpeza (Felicidades Enrique). El miércoles, un bolso para cargarlo de alegrías y unos zapatos para ir a buscarlas. Y tu sonrisa mezclada con lágrimas frescas de la Ría de Pontevedra.


2. Parecía muy lejos, pero ya ha llegado la Fiesta. Será este fin de semana al calor del amagüestu. Es curioso, la tengo más por mía que cualquier otra fiesta. Año tras año me "pierdo" las fiestas de Valladolid, pero llevo años sin faltar a las Fiestas de Piñeres. Castañas asadas, entrañables diversos y el baile en el túnel. Y el recuerdo de verte bailar un pasodoble con madre. LLevavas un gorro de luvia azul.


3. Fin de semana de frío, de todos los amores congregados en el minúsculo albero que es el salón de mi casa. Nuria eligió ese color para las paredes: "Es para que Jaime torée" le dice a todo el mundo. Viendo ayer el reportaje de Paquirri en TV Castilla La Mancha, realmente emanaba arte y sabor en cada metro. Pese a todo lo sufrido en los inicios, es cálido éste albero donde medito cada noche sobre la faena realizada.


4. Jamás pensé que cansaría tanto colocar las lámparas. Sin duda, lo más duro es no tenerte a mi lado para compartir una cerveza y alabarnos mutuamente durante horas.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Lenguajes y matices

Es imposible aburrirse a tu lado. Es imposible sentir el rumor de la monotonía o del agobio, esos que consiguen dominar todas las lenguas existentes sin estudiar.


Porque si un día soleado se transforma en una rueda reventada, ahí estás para hacerme reir con tu ilusión de montar en la grua o de viajar de noche en el vetusto tren regional. Porque cada paseo es nuevo de tu mano, porque las calles conocidas tienen siempre matices, y los bares nuevas raciones de cacahuetes.


Me miras y me hablas, me seduces y me llamas. Me esperas, como siempre. Entiendes cada curva y cada miedo. También tus caricias tienen matices, también tus besos.


Pero es en tu tranquilidad donde yo crezco, donde participo de un lugar en esta historia otrora imposible. Y llega entonces ese idioma indescifrable envuelto en tu mirada, la que me dedicas cada noche antes de apagar la luz de la mesilla.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Verano en Invierno

Llega un jueves que sabe a viernes, con olor a sofá y película de video. Llega el frío a ráfagas y se instala entre las calles de Madrid, que me traen a la memoria el invierno pasado, el primero sin tí.


El tiempo se para en la comida, con un director fiscal que come muchas veces solo. Habla conmigo, me mira a los ojos, y yo no puedo evitar apartar de mi cabeza al director fiscal para que venga a mi mente aquel amigo de infancia, el único que me pasaba el balón cuando pequeño en los veranos de Mojados. La nostalgia me atrapa muchas veces con disfraces distintos. Hoy se disfrazó de día de agosto a 35 ºC, de partidos de fútbol con los mayores, de baños en la piscina antes de llegar a casa y encontrarte en el jardín descamisado, con las gafas de sol y con un Campari esperándote en la mesa de cristal.

- ¿Había alguien en la piscina?


- No papá, ya no quedaba nadie


Y entonces caminabas con las chanclas hasta aquella piscina azul y dejabas tus cosas en el tobogán antes de bañarte: tus gafas de sol, tu reloj, tu camisa y la cadena que llevo hoy yo puesta en el cuello.


Es curioso. Un encuentro de invierno ha traido los veranos de mi infancia a mi cabeza.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Fin de semana

Un jersey nuevo en el cuerpo, un viaje en coche con Helen Merrill, una cama caliente, dormir dos veces.

Frigorífico con Actimel, café italiano, el beso de una madre.

Paseos, el Campo Grande, la búsqueda de un paño exótico para los dos. Un vino. Besos y sonrisas con el frío en el rostro.

Charla en casa, Jotilla, siesta. Ver el partido en el San Remo con Cel.

Nuria.

Y todo lo demás por descubrir. Un viaje, dos días y dos noches por delante.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Rincones

La noche es un juez silencioso que dicta sentencias largas, y siempre está de guardia. Ya de día, viene la libertad o el castigo, hasta una nueva revisión de todos los casos. Es cruel la vida cuando el mazo es de titanio, mas es piadosa cuando es de golosina.


Y así se pasa la vida, siempre corriendo para llegar al juzgado. Sin embargo, las reglas del juego al final suelen tener un aroma a cacahuete con miel que endulza las sonrisas y alinea los caminos.


Al fin y al cabo, lo importante es que aun quedan rincones en el alma donde el miedo y la esperanza juegan al mus y beben whysky hasta altas horas.